La maternidad/paternidad y ser estudiante universitario: Nudos críticos y desafíos.

por Fernanda Lara

La maternidad/paternidad y ser estudiante universitario: Nudos críticos y desafíos.

Con gran orgullo, la revista de nuestra universidad ocupa planas para destacar el noveno lugar en el ranking de las mejores empresas para madres y padres que trabajan en Chile, seleccionadas a través de un estudio que realizó la Revista “Ya” de El Mercurio en conjunto con la Fundación Chile Unido. El objetivo de la iniciativa, es identificar el estado actual de las prácticas de conciliación trabajo-familia de las empresas, mediante políticas como la flexibilidad a la medida de cada colaborador; el apoyo en el cuidado de los hijos tanto para hombres como para mujeres, y permisos para que todos puedan tener una mejor realización personal y profesional. En ese marco es legítimo preguntarse ¿Qué pasa con los padres/madres estudiantes?

Dentro del mundo laboral se otorga derechos de descansos, subsidios y fueros a las trabajadoras embarazadas. Además, se otorga a los padres trabajadores un descanso por nacimiento del hijo, derechos y subsidios para la trabajadora o trabajador que tenga a su cuidado a un menor,- entre otros- . Lo anterior, si bien se estipula en el código laboral, tiene muchas ambigüedades en lo concreto. En el caso de nosotros/as estudiantes, en las madres adolescentes se resguarda que terminen sus 12 años de escolaridad y se le exige a las instituciones educativas que faciliten todo el proceso academico.  Sobre las madres/padres universitarios no existen resguardos ni garantías estipuladas por el MINEDUC, aun estando regidos por el mismo marco legal: la despreciable LGE (que en definitiva es la LOCE modificada). En el artículo 2 de la Ley 18.966 se estipula que el embarazo y la maternidad no constituirán impedimento para ingresar o permanecer en los establecimientos de educación de cualquier nivel. Estos últimos además, deberán otorgar las facilidades académicas, según este decreto tenemos DERECHO a permanecer en nuestras carreras y es más, las instituciones DEBEN otorgar las garantías para aquello.

Esto es fundamental tenerlo claro, pues ya no se quiere más violencia en los juicios de valor sin tapujos de algunas secretarías académicas o académicos interpelándonos por no cumplir los requisitos establecidos para estudiar una carrera universitaria, pues la maternidad/paternidad no es compatible con la formación profesional; es aquí una de las primeras dificultades.

“Ciertamente, la maternidad/paternidad no suelen ser compatibles con la etapa universitaria dada la alta demanda de tiempo, restricciones horarias y gastos. Su relegación trasciende también a la esfera de derechos, pues ni las universidades ni el Estado cuentan con infraestructura, políticas, estatutos ni apoyos que permitan compatibilizar los estudios con la maternidad/paternidad.”(Castañeda, 2005)

Es decir, por una parte la legalidad otorga la garantía en el decreto del LGE ya detallado, pero en lo concreto el mismo Estado no lo garantiza.

Como consecuencia, muchas de nuestras compañeras y compañeros terminan desertando, renunciando a sus metas personales y profesionales, puesto que en muchos casos la crianza acompaña o agudiza otros conflictos; además de criar y estudiar se debe generar recursos para poder costear los gastos que tener un hijo/a significa, recibir juicios sociales cuando se tiene más de un hijo, vivir de allegados, asumir la crianza en familias monoparentales, problemas psicológicos por el distanciamiento de madre/padre con su hijo/a en el caso de los estudiantes de otras provincias o regiones, la falta de previsión de salud tanto para madres/padres como hijos/as, el estrés, la depresión, violencia intrafamiliar y otros.

Ahora, si el tema de criar lo hemos abordado desde el punto de vista del derecho de los cuidadores, es aún más relevante cuando se plantea enfocándonos en los derechos del niño/a que también son vulnerados: proteger al niño y garantizar su desarrollo pleno,  físico, espiritual, moral y social, el derecho a la alimentación y la nutrición, el derecho a la protección contra el descuido o trato negligente, los derechos y las responsabilidades de los padres de brindar orientación a sus hijos de acuerdo con sus edades. Y estos son vulnerados cuando se atenta contra la lactancia y el apego, no dando posibilidades reales de que se generen, apego que la misma OMS (Organización Mundial de la Salud) considera una necesidad biológica tan importante como comer o respirar, tal como la leche es esencial para que la guagua pueda crecer, el apego es esencial para que el cerebro de una persona pueda desarrollarse en todo su potencial.  Se vulneran cuando se estipula obligatoriedad de asistencia a las asignaturas de las carreras considerando sus extensas jornadas, muchas de ellas se desarrollan durante todo un día sin otorgar flexibilidad alguna, se vulneran cuando no existe comprensión ni voluntad para asumir que las urgencias de nuestros hijos/as no siempre se pueden respaldar con licencias médicas.

Hay disponible un gran insumo para abordar estas problemáticas que es el realizado por Macarena Castañeda en su proyecto de memoria para obtener el título de antropóloga social, titulado “Ser Estudiantes, Madres y Padres: Una dualidad cotidiana” que sistematiza estas problemáticas dentro de la Universidad de Chile. Castañeda plantea que:

“El sistema educacional no está preparado para recibir y atender a estos estudiantes, por lo que ser madre/padre se vuelve un riesgo para el estudiante en sus posibilidades de entrar y mantenerse en el sistema educativo. Como dicen las cifras, es más probable que esto se dé en sectores socioeconómicos bajos, los que por sí solos se encuentran ya en una posición vulnerable respecto a su posibilidad de entrar y mantenerse en el sistema dada las desigualdades estructurales en torno a calidad y financiamiento.”

Esta afirmación nos clarifica que ya es difícil mantenerse estudiando en la universidad teniendo situación socioeconómica baja, aun más, las complicaciones se profundizan en el proceso académico agregando la condición de paternidad/maternidad y esta es la realidad de muchas y muchos de nosotros/as.

En otro ámbito, es de conocimiento – según nuestras experiencias-, que la maternidad siempre se ve más demandada que la paternidad por todos los esquemas construidos en nuestra sociedad que responden a las lógicas patriarcales pues “La expectativa es que las madres posean todo el tiempo y el amor del mundo para dedicar a sus hijos e hijas. La misma expectativa no se sostiene siempre para los padres varones” (Rodríguez, 2005, p. 8). Y eso genera dos conflictos: primero la sobrecarga de las responsabilidades en las mujeres:

La multiplicidad de roles que han asumido las mujeres, como perceptoras de ingreso en un empleo, como principales responsables de las tareas del hogar y del cuidado de los menores y las personas mayores, y como agentes activos en sus propias comunidades, las han llevado a buscar la manera de ajustarse a esta presión sobre su propio tiempo. En la mayoría de los casos, este ajuste se realiza limitando las horas de descanso y el tiempo de ocio personal […]. En síntesis, la doble (o triple) jornada se traduce en un deterioro de la calidad de vida de las mujeres.” (op. cit., p. 9)

Y por otro la exclusión que tienen los padres que son cuidadores y asumen un rol activo en la crianza:

Hay aspectos del cuidado en que la madre es irremplazable, a saber, la gestación y el amamantar al hijo/a durante los primeros meses de vida, lo que bajo toda circunstancia implica una mayor demanda de tiempo para el cuidado en mujeres que en hombres, y es la principal razón de retraso de estudios. Aun así, si el hombre decide ser un mayor apoyo e involucrarse más en todo el proceso, como, por ejemplo, acompañando a la mujer a exámenes, citas médicas, compartiendo los horarios de amamantamiento, haciéndose parte de la salud y educación del hijo/a u otros, comienza a enfrentarse a dificultades de compatibilización de tiempos de cuidado y estudios equivalentes a la mujer. (Castañeda, 2005).

Hay muchos puntos críticos que podríamos seguir desarrollando, pero que ya los presentados evidencian claramente la falta de políticas de bienestar social asociadas al desarrollo de la maternidad/ paternidad, debido a que la institucionalidad obvia una condición diferenciada del resto de los grupos sociales que participan en la Universidad, invisibilizando las necesidades materiales concretas y subjetivas haciéndose parte directamente de una política de exclusión social.

El gran desafío

Desde hace unos años se han generado distintas expresiones de organizaciones estudiantiles a nivel nacional, cuyo foco es generar redes de apoyo inmediato para poder solucionar los inconvenientes que se presentan en el diario vivir, como turnarse el cuidado de los hijos entre compañeros, agrupaciones de madres/padres para crear jardines infantiles o como grupos que se han acercado a distintas parlamentarias para poder legislar al respecto. En la UdeC, hace 2 años aproximadamente se levantó el Movimiento Criar y Estudiar, con el fin de poner sobre la mesa todos los elementos que ya se han descrito y mostrar nuestras necesidades primero que todo, a nuestros mismos compañeros de carrera, facultades y de la universidad para que se consideren como demandas locales y como segundo objetivo, poder apelar a la institución para que, al menos, nos escuchen. Sin embargo, nada de esto ha sido suficiente, la Universidad sigue jactándose de su jardín infantil “Mi Pequeño Pudú” que es un jardín JUNJI, no de la UdeC, abierto a la comunidad y no exclusivo a los estudiantes universitarios; en ese sentido cumple un gran rol que valoramos pues atiende a niños y niñas de los sectores aledaños como los de la Agüita de la Perdiz.  Nuestras demandas no radican en ningún caso en exigir exclusividad en los cupos, pero se entiende que la postura de la universidad frente a nuestras exigencias es que ellos sí los atienden facilitando este jardín.  Quienes somos madres/padres conocemos la enorme cantidad de niños/as que están en una lista de espera de la DISE, por lo que ya no es suficiente la medida, sino que urge la creación de uno nuevo.  Por otra parte, es relevante poder cambiar o modificar el artículo 33 del actual reglamento de docencia, por su falta de claridad y descripción, que entorpece en muchos casos la regulación de los periodos de suspensión de estudios por casos de embarazos. Sería también, un significativo aporte la incorporación en las facultades de protocolos o anexos académicos que garanticen y resguarden a nuestros compañeros/as su desarrollo académico y su rol en la crianza.

En ese sentido, esperamos que estos puntos sean comprendidos y sentidos por la comunidad universitaria, que nuestros representantes de carrera y de Federación puedan, de una vez por todas, considerar estos desafíos como suyos, ayudando de todas las maneras posibles a sus compañeros/as que así lo requieran, poder llevar la discusión y elaborar planes de acción en sus distintos espacios y por qué no plantearse como una demanda dentro del CONFECH, puesto que en el actual periodo nos encontramos discutiendo en torno a la reforma de la educación superior desde lo macro, pero que en lo especifico se debería considerar;  por una parte exigir que El estado se pronuncie al respecto y exija a las instituciones el cumplimiento de la normativa vigente y por el otro (o paralelamente?) la creación de políticas públicas que regulen estas situaciones.

 

Maria Fernanda Lara,

Estudiante de Educación General Básica
Miembro del movimiento Criar y Estudiar
Militante Somos udec
Miembro coordinadora Educación general Básica

http://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/135041/Memoria%20de%20Titulo%20-%20Maternidad%20y%20Paternidad%20Universitaria%20FINAL.pdf?sequence=1

http://www.aldeasinfantilessos.cl/conozcanos/situacion-infancia-chilena/derechos-de-los-ni-c3-b1os

http://www.crececontigo.gob.cl/2009/desarrollo-infantil/0-a-12-meses/estableciendo-vinculo-y-apego/

http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-60024_recurso_1.pdf

http://www.crececontigo.gob.cl/adultos/nadie-es-perfecto/padres-madres-cuidadores/

 

 

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