Preguntas por la UdeC: ¿Por qué Rector, Vicerrectores y Decanos se oponen al desarrollo de nuestra institución?

Luego de varias semanas de movilización y con un Petitorio universitario aún sin respuesta, uno de los hechos que más ha llamado la atención es la férrea defensa corporativa de administrativos, autoridades y académicos de la Universidad ante la masiva movilización estudiantil, que a día de hoy aún mantiene muchas carreras paralizadas y varios edificios ocupados como medio de presión para obtener una respuesta a las legítimas inquietudes y necesidades planteadas. Llama la atención, puesto que ante eventos y conflictos anteriores dichas personas han guardado silencio cómplice y encubridor: ¿cuántas columnas de académicos se redactaron para condenar las conductas machistas al interior de la Universidad? ¿Cuántas publicaciones inspiradas se realizaron en redes sociales para denunciar los despidos injustificados de trabajadores académicos y no académicos? ¿Cuántos han manifestado públicamente su preocupación por el bienestar estudiantil o por el grave manejo y hoyo financiero arrastrado por ya casi una década? Al final del día, parece evidente que es más conveniente criticar y combatir a aquellos que se encuentran supuestamente en un plano inferior, que alzar la voz a quienes malamente se les ha entregado una ciega subordinación: es más cómodo mantener la posición y los privilegios individuales, que cuestionar, criticar y proponer por el bien del desarrollo de nuestra institución.

A esto se suma el descarado manejo comunicacional por parte del Directorio, los que no han dudado en utilizar sus vínculos con empresas privadas (como el Diario Concepción) para, supuestamente, denunciar a los estudiantes y desprestigiar un movimiento interno que claramente les incomoda en sus pretensiones y programas propios.

Cabe entonces preguntarse: ¿Por qué esos ataques no se hicieron cuando las y los estudiantes pedían más financiamiento estatal para la institución? ¿Por qué no se denunció sobre ideologización cuando se pedía un nuevo marco regulatorio para las universidades con rol público? En ese supuesto afán de denuncia, es claro que ya no les importa que se termine una investigación sumaria o judicial para encontrar culpables, como se han excusado con el caso del académico Alarcón, sino que no han dudado en responsabilizar inmediata y públicamente a los estudiantes y sus dirigentes por cada hecho que sucede en el campus, desconociendo las responsabilidades y la complicidad pasiva, en este caso del mismo Rector, quien permite el ingreso de Fuerzas Especiales a la Universidad con los consiguientes enfrentamientos que se provocan, aceptando de manera absoluta la manoseada interpretación sobre el delito flagrante que realizan los altos mandos de dicha institución. ¿Son encapuchados las y los detenidos y golpeados durante los enfrentamientos al interior del campus? ¿Están cometiendo flagrantemente delitos todos aquellos, trabajadores y académicos incluidos, que deben arrancar al uso indiscriminado de gases tóxicos y vehículos lanza aguas? Claro que no, pero pese a ello Rectoría ha guardado insistentemente cómplice silencio.

Durante el año anterior y este, parte de la comunidad universitaria (principalmente administrativos y académicos) se ha abocado a la discusión y elaboración de un nuevo Plan Estratégico Institucional, que regirá el andar de la Universidad durante los años de aquí al 2020. En el proyecto definitivo ad portas de su aprobación, uno de los objetivos primeros establecidos es “enfrentar los nuevos desafíos que implican los cambios en el sistema de educación superior en Chile, que abarcan tanto aspectos de institucionalidad, como la renovación de los modelos enseñanza-aprendizaje, la I+D+i [investigación, desarrollo e innovación] y los modelos de gestión universitaria.” Dicho objetivo implicaría procesos profundos que conllevarían necesariamente cambios en toda la estructura académica y pedagógica de la Universidad, entonces, dada la relevancia con que esto se pretende, ¿Por qué durante años se ha dilatado la realización de un Claustro universitario que, precisamente, es la instancia más legitimada para iniciar este proceso de re-estructuración? ¿Por qué se impide la participación democrática, con voz y voto, de estudiantes en instancias de tanta importancia práctica como los Consejos Directivos y de Facultad? ¿Cuál es el argumento para seguir sosteniendo los privilegios de un solo estamento en la elección de las autoridades que encabezarán estos esfuerzos? Urge en este punto analizar las razones específicas de las autoridades para no dar respuesta  a los cambios necesarios que se están proponiendo, especialmente si consideramos que aquellos cambios en el sistema de educación superior ya están sucediendo, siendo la eliminación de la prohibición de la participación estudiantil al interior de las instituciones una excusa ya injustificada luego del cambio legal que la primera parte de la reforma significó. Esto se hace más latente cuando más adelante podemos observar que como primer valor de la institución se reivindica “la democracia y libertad de expresión”, ¿De qué valen si se le niega a estudiantes y trabajadores no académicos la participación? ¿Cómo se realizan, si no es así, los objetivos estratégicos establecidos de “mejora de procesos de gestión y toma de decisiones” o el establecimiento de “nuevas formas de participación? Sin respuesta al petitorio es difícil discutir de manera concreta sobre estos asuntos, siendo, igual como la redacción del mismo Plan Estratégico, residual la participación que como estudiantes podemos tener.

El mismo documento establece como parte del eje “Formación”, que “La Universidad promueve la dignidad personal a través de todas sus actividades académicas sin ningún tipo de discriminación”. En ese sentido, cabe recordar que un tipo de discriminación, muy acentuada en nuestro país por lo demás, es la económica, siendo, en este caso, nuestra Universidad una de las instituciones con más matrícula de estudiantes con bajos recursos en el sistema de educación superior, por lo que no se entiende la mantención de los varios costos financieros que implican para los estudiantes y sus familias. Siendo así, ¿por qué las autoridades se niegan a dar respuesta a la legítima necesidad de eliminar o reducir, por ejemplo, el costo de matrícula o los pagos para el egreso? Es cierto, nuestra Universidad tiene que lidiar constantemente con un sistema hecho para que las instituciones educativas con sentido público funcionen con números rojos, pero cabe de cajón preguntar: ¿en qué se gastan los recursos que se ingresan? Esta pregunta, por más inocente que parezca, tampoco tiene respuesta desde hace años, lo cual es preocupante si consideramos que la misma Universidad, nuevamente en su proyecto de Plan Estratégico establece como objetivo estratégico “Asegurar una gestión presupuestaria y financiera que permita la sostenibilidad y viabilidad académica”, diversificando las fuentes de ingresos, optimizando los recursos disponibles y generando mecanismos de seguimiento y control. Entonces, ¿Por qué se insiste en decir que estamos en crisis financiera y que no hay cambio posible en los cobros? ¿Qué hay de cierto en torno al grave hoyo financiero y presupuestario, cubierto año tras año con créditos cada vez más gravosos para nuestro patrimonio? ¿Qué iniciativas existen para buscar otras fuentes de ingresos? ¿Eso incluye bajar el cobro a los estudiantes o es para arreglar la supuesta gravedad de la situación en la que nos encontramos? Necesitamos transparencia ahora. Nos hemos cansado de repetirlo y parece ser que sólo a las y los estudiantes les importa.

Más allá de estos puntos, hay cosas cotidianas que solucionar a las cuales tampoco, intencionadamente, se les quiere dar respuesta, siendo los Decanos los únicos que han respondido, pero con evasivas, desligándose de responsabilidad y cargándola a la autoridad central. El citado documento establece como otro objetivo estratégico el “fortalecer el desarrollo del proceso formativo”, buscando “satisfacer los requerimientos humanos y materiales de los nuevos planes de estudio”. Esto contrasta gravemente con la realidad en cada una de las facultades, en las cuales el acceso a material, equipo o infraestructura se hace burocrático y restrictivo ¿de esta forma se pretende satisfacer los requerimientos que nos impone la búsqueda del conocimiento? Por otro lado, la falta de un Reglamento de Ayudantías, en especial la no existencia de una regulación sobre el pago y condiciones en el trabajo (sí, trabajo) realizado por nuestros compañeros y compañeras ¿incrementa “la vinculación de los estudiantes con el medio profesional” como se pretende? ¿Incentiva “la incorporación de estudiantes de pregrado en proyectos de investigación”? Si lo sumamos al punto anterior ¿Cómo se pretende el mejoramiento del rendimiento estudiantil y el aumento de iniciativas de investigación y extensión si no contamos ni siquiera con un Jardín infantil y sala cuna para todo el que lo necesite? ¿Cómo solucionamos las necesidades particulares si no contamos, por ejemplo, con una beca de mantención para las carreras que gastan cientos de miles de pesos en materiales? ¿Qué respuestas le damos a todos aquellos que no cuentan con salas multiuso disponibles para sus tareas o que tienen que estar sentados en el piso para asistir una clase? Se hace oídos sordos a lo que la misma institución ha establecido como “progreso armónico” como pilar de la gestión y no se da respuesta a aquellos problemas que aquejan día a día a miles de personas que desarrollan su vida académica en las instalaciones de la Universidad.

Por último, en una Universidad que busca como “misión” la “formación integral y pluralista de personas”, ¿Cómo se explica no contar con protocolos ante la violencia machista?, si nuestros valores son “el comportamiento ético y solidario”, “la equidad” y “la inclusión y respeto a la diversidad” ¿Por qué no existe un Programa de Educación Sexual en nuestra Universidad? ¿Cuál es la tan magna razón para negarse a discutir siquiera sobre formar Comités de género y disidencia sexual en cada Facultad? ¿Por qué no se reconoce la identidad de género ni tampoco se denuncia los casos de acoso y abuso sexual, además de los reiterados ejemplos de discriminación machista en las aulas, que todas y todos saben pero que las autoridades callan y permiten?

La respuesta a estas interrogantes se resume también en una pregunta: ¿Por qué la Universidad no da respuesta al Petitorio Único Universitario? ¿Qué es aquello a lo que no quiere ceder? ¿Cuál de las necesidades urgentes de las y los estudiantes les incomoda aceptar o incluso dialogar?

Encarnamos a cabalidad “el pensamiento crítico, autónomo y flexible” que como institución queremos. Con esto no buscamos emplazar por emplazar, tampoco imponer nuestra visión. Lo que buscamos con esto es expresar, constatar y establecer la urgencia por resolver temas que aquejan a toda nuestra comunidad en su quehacer cotidiano; la inquietud por modernizar en conjunto nuestros procesos e instituciones para ponerlos al día de una realidad cada vez más exigente; y, sobretodo, el anhelo de una Universidad al servicio de quienes la componen y de la sociedad en la que se desenvuelve, donde la educación tenga como objetivo la verdadera formación de espíritus libres y no tan sólo se quede en el viejo anhelo de su desarrollo.

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s