La realidad de la Utopía Revolucionaria en la Juventud Chilena.

 

Hablar de Fidel Castro hoy en día puede hacer aparecer en nuestras mentes varias ideas, pensar inmediatamente en Cuba, en la Revolución, en el ataque imperialista, entre otras cosas. Sin embargo, hoy he preferido centrarme en la figura del Comandante en Jefe como líder del proceso revolucionario y en la Revolución misma, y junto a esto, hacer un puente con los aprendizajes (o no aprendizajes) que la juventud chilena ha tenido, pero no cualquier juventud, sino específicamente aquella que dice ser revolucionaria.

En la misma línea, son muchas las críticas que se levantan cuando se pone a Fidel y la Revolución en el tapete, críticas que espero provengan desde la izquierda consciente, y no desde la vereda oportunista con el fácil discurso liberal condicionado por el bloqueo imperialista. Es por esto que opte por comenzar con aquellos aspectos que no se pueden negar, desde aquellos que trascienden en la historia como la innegable obsesión por parte de EEUU que pretendía destruir el símbolo de la revolución (porque, nos guste o no Fidel es un símbolo de la Revolución Cubana) como la revolución misma, situación que se traduce en los más de 600 atraques registrados por el servicio de inteligencia de Cuba, por intentos de homicidio (frustrados por suerte) hacia Fidel.

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Por otro lado, tenemos el bloqueo hacia Cuba que para más de alguno o alguna es ya algo repetitivo, sin embargo, es bueno darle una segunda vuelta, ya que no solo hablamos del bloqueo económico, militar o político, sino del bloqueo que más nos duele, que es el bloqueo cultural. Este último el que desde pequeñas y pequeños nos hace una idea de Cuba como una isla lejana, sin importancia, pero muy problemática con todo el mundo (cuando es sabido que Cuba es experta en relacione diplomáticas), llena de gente que hay que dejar ahí aislada. Es así que una seguidilla de situaciones que implican que la mayoría de nuestras niñas y niños manejen información sobre hits y procesos relevantes en el mundo europeo, pero se desconozca el proceso revolucionario en Cuba, hitos importantes en nuestra américa latina, personajes emblemáticos de la historia, pero peor aún, se nos ha negado la posibilidad de conocer y reconocer al pueblo cubano como un claro ejemplo de dignidad y rebeldía.

Otro aspecto relevante y que no podemos dejar de lado, fue la capacidad unificadora de Fidel, quien consiguió que todas y todos desde distintos rentes y partidos e incluso aquellos y aquellas que no tenían una militancia se unieran a la causa revolucionaria, y en segundo lugar, sigue siendo destacable la clara identificación del enemigo, que se traduce con el siguiente ejemplo: mientras se desataba la guerra contra el Dictador Batista, cuando se capturaban guerrilleros se les torturaba y se les daba muerte, sin embargo, cuando se capturaban soldados del ejército del Dictador, Fidel ordenaba en primer lugar curarlos, luego darles vestimenta y comida y posterior a esto conversaba con ellos y en la mayoría de los casos aquellos que llegaban luchando contra él, se unían a la causa revolucionaria sintiéndola suya y seguían adelante, pero esta vez luchando a su lado.

Es aquí en donde me pregunto: ¿qué nos enseña la Revolución Cubana?. Continuando con aspectos pocos negables, podemos declarar que fue un hito que se transformó en pólvora para Latinoamérica, que incendio consciencias de cientos de jóvenes en todo el continente, sin ir más lejos basta con recordar nuestras juventudes en los 50’, 60’ y 70’, quienes eran guiados por grandes sentimientos de rebeldía y ejemplos de la Revolución Cubana. Por otro lado, y no menos importante, logró que la palabra R E V O L U C I Ó N dejara de ser una utopía y se convirtiera en algo concreto, en un proceso alcanzable.

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Pero, que pasa después de los años, después de la dictadura en Chile, después de la resistencia, del retorno pactado a la democracia, que es lo que realmente aprendimos. Hoy hablando muy pesimistamente, considero que el escenario es bastante desalentador, somos parte de una juventud que parece haber aprendido bien poco, situación que va de la mano con poca conciencia e autoformación, o dicho de otra manera, la no necesidad sentida de instruirse, organizarse y luchar, premisas básicas para muchas de nosotras y nosotros.

Si nos preguntamos en que momento las y los jóvenes tuvieron su más álgido transitar de lucha es desde los 90’ en adelante. Casi de manera espontánea volvemos unos años atrás y nos situamos en el emblemático 2011, año en el cual floreció la creatividad, abundaban las propuestas y conseguimos un apoyo y masividad nunca antes vista, pero ¿Por qué fue así?, por un lado se considera que fue el claro estallido e una acumulación de fuerzas y experiencias de las oleadas de movilización dadas desde el 2006 en adelante que camino de la mano con la reactivación de las identidades políticas junto a la revaloración de lo popular, pero por otra parte, el escenario no era tan complejo en términos de identificación del enemigo, ya que esto estaba clarísimo, teníamos en frente a la derecha establecida en el poder, quienes no titubeaban en cerrar mesas de diálogo  negociación y mucho menos en hacer uso y abuso de la fuerza policial contra la comunidad que se manifestaba.

En definitiva, que es lo que sucede cinco años después, nos encontramos con una incapacidad de conocer y reconocer un enemigo específico, en el poder una concertación cada vez menos de izquierda y más de derecha y además, que osara tomar nuestras consignas convirtiéndolas en reformas que vienen a ser un parche sobre lo que está podrido, y tú y yo sabemos que históricamente esto no sirve. Quedamos aquí, mansos y peor aun peleándonos entre nosotras y nosotros mismos, porque si hay algo que se agudiza con los años es la psicosis de la juventud de izquierda y la insistencia de ver enemigos donde no los hay, o por lo menos no enemigos en términos reales y peligrosos, y por si todo esto fuera poco, cada vez nos volvemos más carentes respecto de poder diversificar los métodos de lucha.

Hoy en día, carecemos de propuestas concretas, y la fuera se acaba más fácilmente al igual que las convicciones de ciertas personas, que apresen esfumarse con el paso de los años. Desde la vereda revolucionaria, rebelde, radical o como le quieras llamar, criticamos tajantemente  esa otra izquierda que ha tomado la vía institucional y apuesta a la obtención de puestos de representación parlamentaria, dudamos hasta de sus verdaderas intenciones y los cuestionamos por optar a recorrer el camino que históricamente consideramos que ha fallado, que es aportas a la realización de cambios o procesos revolucionarios por las vías democráticas institucionales que el mismo sistema nos ofrece.

Aquí es cuando nos urge hacer un giro, y preguntarnos, en términos reales y concretos ¿a qué apostamos nosotros y nosotras?, ¿Cuál es la contrapropuesta a esta izquierda tan cuestionada?, ¿Qué camino optaremos para obtener los cambios que queremos para construir esa nueva sociedad?. En el mejor de los casos ante todas estas preguntas surge un silencio incomodo, porque de lo contrario se comienza con hacer el llamado a las compañeras y compañeros a establecer los objetivos estratégicos consensuando una táctica clara que tenga una correlación con nuestro plan de acción y la ya realizada evaluación de despliegue de fuerzas…etc, un largo y desagradable etcétera. Porque de esto último, se establece un puente con otro gran problema que tiene la juventud revolucionaria, que es la incapacidad de llevar este discurso lleno de palabras poco entendibles al sentido común, a la vida real, a las poblaciones, las tomas de terreno, a la dueña de casa, al poblador obrero, porque muchas veces la o el joven revolucionario se centra en la burbuja universitaria, porque claramente es más fácil jugar a hacer la revolución dentro de una zona de confort muy agradable y con poco riesgo, pero se olvidan que la verdadera lucha, la disputa de subjetividades colectivas que es a lo que tenemos que apostar realmente, está afuera. Perdónenme que se los diga, pero mientras nosotras y nosotros seguimos peleando por obtener federaciones y quebrando alianzas con otras organizaciones que dicen ser e izquierda por que los de aquí no quisieron ceder la presidencia con los de acá, porque los de más allá quieren más puestos de representación y damos esas discusiones de horas que en el momento parecen ser asuntos de vida o muerte, pero a la larga y a la externa no son más que discusiones ególatras, y mientras seguimos corriendo en círculos entre cuatro paredes, en los cerros de Talcahuano, en las calles e Hualpen, Chiguayante o Concepción las niñas y niños de 7 o 9 años están consumiendo pasta base, están metidos en las drogas y perdidos en las calles porque a ellas y ellos no les llega la famosa revolución, y no porque no quieran o no les interesa sino porque nosotras y nosotros tenemos cosas mucho más importantes que hacer. Resumo lo anterior en la deuda historia de la juventud revolucionaria con desarrollar y hacer carne viva la empatía, confianza y trabajo con nuestra propia clase y dejar de utilizarla para los lindos discursos solamente.

Ahora, luego de toda esta crítica e que no tenemos propuesta, que la juventud aquí, que allá, tampoco me requiero a que esta noche debemos tomar las armas y provocar un levantamiento insurreccional en las calles penquista (al menos no por ahora), ya que sin ir más lejos, hace unos años en una entrevista el Comandante en Jefe decía más o menos así: …quizás hoy en día los métodos utilizados para obtener el triunfo en la Revolución Cubana, específicamente las armas, no se puedan utilizar, los tiempos cambian, los contextos históricos y las condiciones objetivas son distintas, sin embargo, lo que siempre estará al servicio de la revolución serán las ideas y el pensamiento… Y es en esto último en lo que finalmente quiero enfatizar, ya que si a alguien le molestaron los comentarios o criticas leídas, o si peor aún las tomaron como ataques, en primer lugar cumplí un objetivo, ya que es cuando nos sentimos atacaos y atacadas cuando nuestra mente funciona y comienza a correr la creatividad, pero por otro lado la invitación está hecha y se traduce en reconocer que nuestro deber como jóvenes revolucionarios y revolucionarias no está en sentarnos a hablar de Fiel Castro o de la Revolución dejándonos en un pedestal exento de crítica e intocables, sino que muy por el contrario nuestro deber es tomar a todos los personajes emblemáticos y los procesos históricos y bajarlos, dejarlos entre nosotras y nosotras, vivirlos y revivirlos, aprender y analizar todos los errores cometidos y aprender de ellos para dar la lucha día a día y hacer e esta izquierda, más radical más revolucionaria o insisto, como le quieras llamas, una propuesta concreta, pero no la haremos solas ni solos, sino que nos urgen abrir nuestras puertas, salir de la burbuja universitaria y articularnos con todos los sectores en lucha, con la comunidad, con los desconvenidos de siempre y construir sobre la base de la unificación de fuerzas, de conocimientos, de experiencias, solo ahí tendremos una base tan fuerte que ningún reformista ni oportunista podrá rebatirla, solo ahí volveremos al principio fundamental y nos daremos cuenta que la palabra revolución no es una utopía, la revolución es aquí y ahora y seguirá siéndolo mañana, y nuestro mayor deber es hacernos parte de ella.

 

Marcela Figueroa

Estudiante Trabajo Social

Militante de la Sociedad de Unión y Resistencia

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