Sexismo en la Universidad de Concepción: concientización y acción.

Es sabido que vivimos en una sociedad machista y sumamente patriarcal, lo que conlleva que estemos inmersas e inmersos y conjuntamente lidiemos con situaciones que lo acreditan. Primero, estas situaciones se pueden identificar en el hogar, a través de la educación de carácter no formal, la cual se encarga de forma implícita en educarnos de acuerdo a estereotipos y  modelos impuestos por los medios de comunicación masiva, la publicidad, la Iglesia y tantos otros; Para seguir luego con la educación formal, impartidas en instituciones educativas que refuerzan lo que se no ha enseñado en la infancia, lo que permite la construcción de programas y currículos que explícita o implícitamente apuntan a validar el sistema imperante y forzándonos a tomarlo como un valor preciado para poder sobrevivir más adelante en el ámbito público y privado. Sin embargo, muchas veces se invisibiliza lo evidente: las mujeres y disidencia sexual somos quienes nos vemos mayormente expuestas a abusos y acosos sexuales. Lo preocupante de todo esto es que, en la etapa donde se supone nos prometen el “desarrollo libre del espíritu”, nos coartan la posibilidad de desenvolvernos con tal libertad, y las consecuencias de aquello son devastadoras.

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Numerosas han sido las situaciones que se vienen arrastrando, y que en los últimos años han salido a la luz en relación a acosos tanto, en el espacio laboral de las trabajadoras y los trabajadores de la Universidad de Concepción como, en las salas de clase, lo que ha provocado que se hayan concretado varias denuncias en contra de profesionales de la educación con prácticas machistas y repudiables.

Reconocido fue, y seguirá siendo, el caso que se dio con más algidez el año 2015, en contra del premio nacional de Periodismo Deportivo, y ex profesor de la carrera de Periodismo de la Universidad de Concepción: Héctor Alarcón Manzano, por señalar que un certamen estaría: “más fácil que pegarle a una mujer”; o el caso de un docente de la carrera de Odontología, quien finalizó una presentación en clases con una imagen la cual hacía alusión a una mujer silenciada, y en donde se veía a la imagen del hombre en posición de calma al respecto; o también la situación presenciada por estudiantes de la Universidad de Concepción campus Los Ángeles, en donde un docente señala que “para el certamen, las alumnas que vengan con falda o vestido tienen dos décimas extras, pantalones de vestir una décima extra y con ropa normal  nada…”; y por último, como no mencionar el último hecho ocurrido en la carrera de medicina, en donde el profesor Hernán Contreras señala en una clase lo siguiente: “Que hace una muchacha, escúchenme bien, ¡traumatología!, ojo, traumatología, 40 hombres jóvenes de entre 18 y 30 años, hospitalizados 10 días (risas en la sala). Llega la doctora, con su delantal abierto, porque el delantal debe ir cerrado, con un petito hasta aquí, fucsia, (más risas) es que es verdad (mas risas), la guatita al aire y una faldita que parece así como entre folclórica y una cuestión así, paradita cortita, o sea, el día en que el paciente te metió mano y  la doctora me lo viene a decir, yo dije: doctora, agradezca que no la encerraron en el baño y no la violaron, porque es usted quien está permitiendo que esto ocurra, yo no la puedo defender […]”. En relación a este último registro, el centro de estudiantes de dicha carrera está tomando cartas en el asunto, y siguiendo con el conducto regular con el fin de denunciar la situación.

Estos y miles de situaciones más denunciadas o no, registradas o no, son las que se viven a diario en las instituciones educativas. Es por esto que es necesario ser conscientes, y reconocer que situaciones como las anteriores mencionadas son las que perpetúan las relaciones de dominación y el miedo, este último utilizado como mayor instrumento de sometimiento en relaciones asimétricas, como lo que ocurre dentro de una sala de clase.

Lo que más llama la atención es que hay actitudes, situaciones y características que se repiten en la mayoría de los casos, como lo que ocurre con el lenguaje que condiciona, el cual representa la sociedad en la que vivimos y limita cómo pensamos e interactuamos. La gravedad del asunto es que a éste hecho no se le dé tal importancia. Ejemplo claro de lo anterior es que nos han ENSEÑADO a expresarnos de tal manera que predomina lo masculino y se tiende a pensar que el masculino es neutro, y en donde además de visibilizar la figura masculina en cada frase u oración, va en detrimento de la mujer, con ejemplificaciones burdas que suponen la realidad de toda situación, y que se sustenta y hace válido el argumento en base a risas cómplices de compañeros y compañeras de clase. También es importante destacar y preguntarnos: ¿Con qué fines se maneja la información? Con esto me refiero a que la mayoría de los profesores y las profesoras, con quienes nos toca relacionarnos en una sala de clases, se jactan de poseer megísteres, doctorados, o haber adquirido conocimientos acabamos sobre algún tema, en una universidad extranjera reconocida. Si bien son méritos para aplaudir, mayor sería el reconocimiento si, utilizaran aquella información que les fue entregada, en función de la comunidad y no como mero instrumento el cual utilicen para identificarse como académicos y académicas que merecen respeto sin importar lo que hagan o digan.

Muchas han sido las denuncias las cuales no han llegado a buen puerto o simplemente no han llegado, y esto porque en la Universidad de Concepción no existen protocolos los cuales regulen este tipo de situaciones. Si bien, ha habido intentos por solucionar los abusos y acosos dentro de las mismas carreras, con conversaciones informales o hasta con cartas dirigidas a las respectivas jefaturas de carrera, el resultado es el mismo: todo queda igual y a hacer como si nada hubiera ocurrido, respaldándose en que es un profesor carismático, buena onda, que tiene un buen trato con los estudiantes y es querido en la carrera. Se sabe también, que existen encuestas docentes las cuales evalúan una serie de aspectos importantes, pero que solo se enfocan en áreas técnicas, las que deben ser resueltas por las profesoras o profesores, para que estas se entiendan como atendidas, que por lo demás no aseguran la solución de las situaciones mencionadas con anterioridad, y que no miden lo esencial que son las relaciones e interacciones dentro de las aulas, las cuales deben ser de respeto y buena convivencia, las cuales influyen de manera significativa en el desempeño académico.

Y ahora la pregunta es, ¿Qué nos queda por hacer? Es por todo lo anterior que resulta importante la participación, el involucrarse y el tratar estos temas en nuestras salas de clases, en asambleas bajo una mirada constructiva y de organización conjunta de sororidad entre mujeres y actos de los compañeros que evidencien el apoyo hacia nosotras, para que exista la posibilidad de crear espacios educativos, guiados por pilares esenciales los cuales fomenten y aseguren profesionales al servicio de la comunidad. Soluciones al respecto también se han estado trabajando, como lo ha sido con la creación secretarias y vocalías a lo largo de carreras y facultades dentro de los establecimientos educacionales, e incluso en medios de comunicación masiva independientes, gracias al trabajo de feministas organizadas y también las instancias de discusión y de negociación que se están llevando a cabo hace poco dentro de la Comisión Contra la Violencia Machista, en la misma Universidad de Concepción. Sumado a lo anterior, y gracias a diversas manifestaciones de carácter local y nacional, como lo fue la marcha pasada NiUnaMenos en relación a la ola de femicidios del último tiempo, ha implicado una mayor visibilización de la violencia machista de manera transversal y por lo tanto, una concientización de la violencia sistemática de una sociedad patriarcal servil al capitalismo y al Estado.

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