[Opinión] “Te quiero, pero como amigos”: El porqué de las críticas a la acreditación de siete años

Es difícil plantear una opinión estos días. Existe demasiada información circulando en internet como para asegurar que una puede prevalecer a total ciencia cierta sobre otra. A esto se le puede sumar el hecho de que siguen existiendo en nuestra sociedad temas tabú respecto a los cuales es difícil plantear una crítica por sobre la emocionalidad o el culto a la tradición. Ayer nos pasó con la Teletón, hoy con la Universidad de Concepción.

¿Qué hay de malo con la acreditación? Tal vez nada, podríamos decir. Somos lo suficientemente conscientes de la importancia y calidad del trabajo que día a día realizan profesionales, trabajadores y estudiantes por superar y hacer crecer la institución en sus diversos programas y carreras, así como en sus diversos espacios y campus. Lo hemos visto, somos parte de ello, como estudiantes, como trabajadores. Sin embargo, es precisamente el espíritu crítico y el ánimo de crecimiento y superación individual y colectiva el que motiva a ser mucho más conscientes y reflexivos de nuestra realidad, a fin de no caer en la cómoda complacencia o, peor aún, en la creencia ciega de lo correcto o acertado de nuestras decisiones.

¿Por qué se hace difícil, entonces, plantear una opinión? Quizás porque poco y nada sabemos. Estamos tan acostumbrados a las marcas y a los símbolos que olvidamos la compleja realidad que existe ante nosotras y nosotros. Es como el primer capítulo de la serie Míster Robot: ¿qué importa que los Iphone sean producidos en condiciones de casi esclavitud por niñas y niños asiáticos mientras saque buenas fotos y tenga 16 gigas de memoria para aplicaciones? Lo mismo podríamos preguntarnos respecto a la Universidad: ¿qué importa quién toma las decisiones, destina los recursos y planifica las tareas mientras podamos obtener la máxima acreditación? El problema tanto en uno y otro caso, como ya vimos durante las movilizaciones de este año, es que sí importa, y mucho.

¿Qué es lo preocupante? Que esta acreditación avala una forma de trabajo y de “hacer universidad” con la cual no todas y todos estamos de acuerdo, y que, es más, ha significado al interior de la universidad el enquiste de un grupo de académicos y académicas en los puestos superiores de la administración, liderados por el Rector Lavanchy, quienes no han dudado en beneficiar sus proyectos propios sirviéndose de la estructura y el prestigio nacional e internacional de la Universidad.

En resumen, para quienes la acreditación no es una (tan) buena noticia, el conflicto o la contradicción no es hacia o contra la Universidad, sino en contra de quienes la dirigen y manejan, quienes por décadas han propiciado iniciativas que la excluyen de una vinculación real con la comunidad (aquella de las poblaciones y los centros de trabajo), pretendiendo un falso compromiso público para ocultar los vínculos con las empresas que desforestan la región o amenazan los ríos y el borde costero, por ejemplo.

Este grupo, que en cada elección de Rector se vuelve a posicionar de una forma más cuestionable y polémica que la elección anterior (arreglos, alianzas, malos tratos, despidos, etc.), ha sido insistente en no permitir que los otros miembros de la comunidad universitaria puedan participar de forma real y concreta en la toma de decisiones, y han propiciado la mantención de una estructura rígida, favorable a unos cuantos y sumamente abusiva con las y los trabajadores de menor rango. ¿Es positivo entonces lograr la acreditación máxima en dichas condiciones? Los ejemplos de que no es así son tantos que darían material para una tesis doctoral. Aún así, quisiera detenerme en tres aspectos para graficar lo señalado.

En primer lugar, es válido plantear la interrogante de si es positivo que gran cantidad de trabajo de investigación se haga por estudiantes sin un reglamento preciso respecto a sus funciones y obligaciones. Se ha planteado durante años, pero aún gran parte de nuestras compañeras y compañeros son abrumados con una carga laboral excesiva, con escaso beneficio de tipo académico o remunerativo ¿Es justo que el éxito del desarrollo de nuestra Universidad se cargue sobre la espalda de las y los estudiantes sin mayor reconocimiento a su aporte? O, hilando más fino, ¿es positivo que una de las grandes labores de la institución se base en la iniciativa individual de algunos académicos, con ayudantes cuasi asalariados a su servicio, y no en un plan de desarrollo colectivo y grupal de tareas de investigación? Por otro lado, casi en el mismo punto, ¿por qué el acceso a financiamiento de proyectos de investigación se hace de manera individual sólo con el “auspicio” de la Universidad? Al final del día aparece el nombre, claro, pero ¿y quién se beneficia de los resultados? ¿Qué impacto tienen las investigaciones en los planes curriculares o pedagógicos de pregrado y posgrado más allá de engrosar currículums e informes de evaluación? Por último, y lo más reciente, ¿por qué este grupo de académicas y académicos se niega a trabajar en un nuevo contrato colectivo para con las y los trabajadores sindicalizados? En términos coloquiales, ¿qué se creen?

Pareciera ser que al final del día existen diferencias profundas en el trato, la labor y la retribución entre quienes componemos esta institución. En fin. Hay tanto que hablar, tanto que discutir y que trabajar. No obstante ello, felicito sinceramente a quienes con su esfuerzo han permitido los logros que hemos alcanzado, pero debemos ser conscientes que eso no nos debe nublar la vista. Necesitamos una universidad comprometida con la comunidad, con sus procesos, que ayude a resolver sus conflictos y que no ayude a generarles otros saqueando y destruyendo los territorios y sus recursos. Una universidad que camine hacia el futuro, que privilegie el buen vivir de nuestro pueblo y no los bolsillos de los empresarios forestales, energéticos e inmobiliarios.

Creemos en una universidad construida con el esfuerzo de estudiantes y trabajadores, académicos y no académicos, democrática, realmente pluralista y que combata a quienes desde su interior, pretendiéndose elite, nos hacen creer que con su trabajo representan el espíritu de la comunidad que les da vida, aprovechándose  con ello del cariño sincero de quienes nos alegramos de los logros de la Universidad y de su gente

Sebastián Henríquez

Egresado de Derecho UdeC

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