Sobre Mariana Aylwin y la prohibición de ingreso a Cuba

por Hector Testa Ferreira, miembro del Frente Amplio

En un principio, todos los seres humanos, incluyendo a Mariana Aylwin, debieran tener libre movimiento por cualquier parte del Mundo, pero sabido es que se está a años luz de tal cosa. De hecho, en Chile la normativa vigente sobre extranjería (dictada, para variar, por la Dictadura en 1975) permite hacer lo mismo que se le hace ahora a la aludida desde Cuba, y es una norma que se ocupa muy recurrentemente. Dice el Decreto Ley 1094 de la “Honorable Junta de Gobierno”:

“Artículo 15°. Se prohibe el ingreso al país de los siguientes extranjeros:

1.- Los que propaguen o fomenten de palabra o por escrito o por cualquier otro medio, doctrinas que tiendan a destruir o alterar por la violencia, el orden social del país o su sistema de gobierno, los que estén sindicados o tengan reputación de ser agitadores o activistas de tales doctrinas y, en general, los que ejecuten hechos que las leyes chilenas califiquen de delito contra la seguridad exterior, la soberanía nacional, la seguridad interior o el orden público del país y los que realicen actos contrarios a los intereses
de Chile o constituyan un peligro para el Estado. (…)

Artículo 17°. Los extranjeros que hubieren ingresado al país no obstante encontrarse comprendidos en alguna de las prohibiciones señaladas en el artículo 15 o que durante su residencia incurran en alguno de los actos u omisiones señalados en los números 1, 2 y 4 del artículo indicado, podrán ser expulsados del territorio nacional”.

Como muchas veces pasa en Chile y en el mundo, la interpretación de tal normativa es muy extensiva, y ha permitido prohibir el ingreso o expulsar a bandas de música, periodistas, y activistas sociales y políticos de distinto perfil, incluso a personas que las expulsan sin mayor motivo que el haber participado de alguna marcha o manifestación pública. Y aunque es comprensible que los Estados puedan expulsar a personas que han cometido delitos ya juzgados en el país (o delitos de alta gravedad y crímenes previos que hayan quedado impunes por complicidad de los Estados de origen), creo que hay que criticar, donde sea, el abuso y arbitrariedad en el uso de normas como la vigente en Chile.

Las fuerzas transformadoras debemos hacer avanzar una ciudadanía global donde lo esencial de los derechos de ciudadanía no se debiesen interrumpir por uno encontrarse fuera del país de la nacionalidad propia. También, los/as migrantes, viajeros/as, extranjeros/as en general, deben tener derecho a hacer política, sea donde sea. Por cierto, en Chile, urge una nueva Constitución que avance hacia ello, y que derogue y/o establezca plazos breves de derogación y reemplazo legal, de todos los Decretos Leyes dictados por la Dictadura.

Otra cosa, en todo caso, es que si en Chile tuviésemos una Constitución y Justicia en serio, Mariana Aylwin debiese ser juzgada y condenada por violar una expresa prohibición legal y orgánica constitucional al ser parte directiva de una universidad que manifiestamente imparte educación con fines de lucro, pero eso es ya otro tema.

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