Clase, género y simbolización de la violencia

por Pablo Antonio Lillo Cea

La legitimación de los sistemas de relaciones opresivas fundantes de los distintos modos de dominación que caracterizan a nuestra sociedad ha sido, con mayor o menor grado de consciencia, una preocupación fundamental de aquellos interesados en conservar su posición privilegiada dentro de los mismos. En otras palabras, la simbolización de la fuerza bruta que ejercieron para arbitrariamente imponer un juego y crear las reglas a su entera conveniencia -es decir, la simbolización de la violencia- aparece como la estrategia principal empleada por los grupos dominantes para reproducir sin mayor oposición las condiciones de posibilidad de su dominio.

Una expresión simbolizada del modo de dominación capitalista es la existencia de un espacio social que exhibe características materiales suficientes como para hacerlo susceptible de una división teórica en dos “clases sociales” cuya relación es antagónica, es decir, una relación en la que una se beneficia parasitariamente de la explotación de la otra. Mientras quienes han planteado una lucha radical contra esta realidad enfatizan la necesidad de superarla a través de la gestación de un espacio social en el que no existan diferencias de este tipo en la acumulación de los distintos tipos de capital -económico, cultural, social y simbólico siguiendo la nomenclatura del sociólogo francés Pierre Bourdieu-, quienes se benefician consciente o inconscientemente de estas relaciones jerárquicas se dedican a presentar una visión que caracterizan como “más amplia” o “más acabada” de la contradicción, señalando además que teóricamente se puede dar cuenta de muchas más clases sociales y que eventualmente podría gestarse una relación más “justa” o incluso “complementaria” entre éstas, corrigiendo así -de acuerdo a su discurso- los males derivados del capitalismo. Por un lado, hay quienes consideramos que las condiciones materiales que permiten conceptualizar distintas clases sociales deben ser eliminadas de la faz de la tierra pues en sí mismas son una expresión de la violencia, y por otro, hay quienes aseveran que la justicia social estaría dada más bien por la movilidad entre las múltiples y distintas clases que componen la sociedad. Creo que esta distinción de posturas -que implican ciertos marcos teóricos- nos resulta relativamente familiar, sobre todo si la comparamos con la que presentaré a continuación.

Una expresión simbolizada del modo de dominación patriarcal es la existencia y persistencia de la diferenciación de los animales humanos en, principalmente, dos géneros -más o menos determinados por la genitalidad- en relación antagónica, a través de la cual uno, el masculino, se beneficia parasitariamente de la explotación del otro, el femenino. Y ojo aquí: mientras quienes han planteado una lucha radical contra esta realidad enfatizan la necesidad de superarla comprendiendo -como señala la historiadora estadounidense Joan Scott- que, además de ser un elemento constitutivo de relaciones sociales basadas en diferencias percibidas entre los sexos, el género ha sido al mismo tiempo una forma primaria de legitimación de las relaciones de poder, quienes se benefician consciente o inconscientemente de estas relaciones jerárquicas se dedican a presentar una visión “más amplia” o “más acabada” de la contradicción señalando que en realidad existen tantos géneros como personas y que eventualmente podría tener lugar una relación más “justa” o incluso “complementaria” entre los mismos, corrigiendo así los males derivados del patriarcado. En otras palabras, por un lado hay quienes consideran que el género, en tanto constructo teórico y retórico que ha sido utilizado para legitimar relaciones de dominación, debe ser eliminado de la faz de la tierra pues en sí mismo es una expresión de la violencia patriarcal, y por otro, hay quienes aseveran lo importante es más bien aceptar los infinitamente diversos géneros que componen nuestra sociedad -en donde ‘hombre’ y ‘mujer’, ‘masculino’ y ‘femenino’ siguen estando presentes en los “extremos” del espectro, abriendo la puerta así a la confusión entre sexo y género que ha sido imprescindible para la reproducción de este modo de dominación en el que las principales violentadas han sido las mujeres.

Entiendo que no todo lo que se dice con respecto al concepto ‘clase’ es necesaria y automáticamente aplicable al concepto ‘género’. Sin embargo, creo que en este caso en particular la analogía resulta esclarecedora, sobre todo en una primera aproximación a este planteamiento -profundizado por el feminismo radical- cuando uno lleva más tiempo estudiando teoría política y social que leyendo autoras feministas. Ni el problema de ‘clase’ ni el problema de ‘género’ son problemas de identidad como lo ha presentado el (neo)liberalismo, pues cuando los abordamos nos estamos enfrentando a verdaderas estructuras sociales que traspasan el sentir de cada individuo. Teniendo presente que no existe todavía la sociedad “sin clases” ni la sociedad “sin género”, no debemos olvidar que pertenecemos a una clase social y que claramente hemos sido socializadoas y culturizadoas de acuerdo a un género. Lo importante es tener presente la reflexión si es que queremos romper estas ataduras y cortar de una buena vez con los modos de dominación que decimos combatir en lugar de adherir inconscientemente a discursos que los legitiman. La única forma de indeterminarnos es (re)conociendo y explorando nuestras propias determinaciones. Solamente así se puede evitar la divagación posmoderna irresponsable que se caracteriza por alejarnos de la lucha política.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s