Carta a las mujeres de chile, conmemorando el ocho de marzo.

por Circulo de Formación Feminista Temuco

Carta a las mujeres de chile, conmemorando el ocho de marzo. 

Se nos aproxima un 8 de marzo; día internacional de la mujer, día de conmemoración de su lucha por la igualdad y por el acceso a los ámbitos económicos, sociales en condiciones de igualdad con los hombres.  Sin embargo, la asignación del 8 de marzo (y no otro día del año) no es azarosa. Su asignación como fecha relevante, se inicia el año 1857 cuando un grupo de obreras textiles inician una marcha reclamando mejores condiciones laborales y salariales, la cual impulsa doce años más tarde -en el año 1909- una manifestación que finaliza de manera sangrienta e indignante: más de cien mujeres muertas. Estas mujeres reclamaban causas justas: igualdad salarial -ya que les pagaban la mitad de que los hombres-, disminución de la jornada laboral a 10 horas y un tiempo para poder amamantar a sus hijos. Si bien existen versiones respecto a estas fechas, lo esencial, es que el 8 de marzo marca un hito para que en años posteriores, otros grupos de obreras se manifestaran, se organizaran a través de sindicatos y se manifestaran por derechos laborales,por lograr  participación en el ámbito de la educación y al acceso al voto.

Actualmente en el mundo del trabajo remunerado, en el mundo social y político,  aun nos vemos enfrentadas a situaciones de discriminación que perduran en el tiempo y son transversales a la mayoría de las mujeres:

Desde el ámbito del trabajo, las mujeres que ayer fueron obreras textiles, hoy somos las mujeres que abundan en los trabajos más precarizados: cajeras de supermercado, vendedoras del retail, secretarias, temporeras, feriantes, asesoras del hogar y personal de aseo, profesoras, etc.  Somos las que tenemos menores salarios y pensiones de vejez que los hombres. Realizamos doble, hasta triple jornada laboral, cuando al llegar a casa asumimos las tareas de mantenimiento del hogar, y del cuidado de maridos e hijos dependientes de las mujeres. A su vez, las mujeres “dueñas de casa”, cumplen dos trabajos no reconocidos ni valorados: el trabajo doméstico recién descrito y el trabajo de la reproducción de la vida. Muchas de nosotras iniciamos el día y finalizamos en la noche sin parar realizando el aseo, pagando cuentas, haciendo las compras, cuidando a los hijs, cuidando a nuestros ancians; las que tengan pareja o esposo, lo esperarán para comer en la noche, el cual puede que le diga al llegar: “¿Qué hay hecho todo el día en la casa?”. Son, en general  los “trabajos para mujeres” los peor remunerados, despreciados, y de baja calificación. Contrario a lo anterior, muchas de nosotras creemos que las tareas del hogar no debieran ser un ámbito exclusivo de la mujer, de esta manera nos garantizamos tempo para evitar la atrofia de nuestro  desarrollo intelectual, laboral o social, también reclamamos que nuestros salarios tienen que ser mejores, para también no contar en el futuro con pensiones indignas y miserables.

Por otra parte, existen otras dimensiones impuestas socialmente a todas las mujeres: la opresión de nuestro cuerpo y las funciones que se le asignan en la vida social. Este ejercicio de poder sobre nosotras se expresa desde la dominación médico-sanitaria y desde los criterios estéticos principalmente. En primer lugar, el poder médico, nos somete al escrutinio y la examinación como objetos de la reproducción: ¿por qué pese al avance científico aún no se crea o se masifica un anticonceptivo para el hombre? ¿por qué nos obligan a ser madres y nos niegan el derecho a decidir la autonomía de nuestros cuerpos para abortar? ¡Son muchísimas las mujeres, especialmente pobres que han muerto por abortos clandestinos! ¿por qué nos vemos expuestas a comentarios virulentos por asumir la opción de vida de no comprometerse con una pareja o no tener hijs? ¿por qué el sistema sanitario focaliza la salud sexual solo en la mujer a través de matronas y ginecólogos? En fin, nos someten a ser entes pasivos de nuestra salud, somos ignorantes de nuestro cuerpo, sus ciclos sexuales y reproductivos.

A su vez, nuestro cuerpo se ve dominada por la cosificación sexual, donde la t.v, la publicidad, la música, el porno y a través de otros medios donde  la mujer es representada como un objeto sexual e  instrumental para la satisfacción del hombre, reduciendo los atributos de la mujer a lo meramente físico.

Luego nos encontramos con la normalización y hasta aceptación de la violencia hacia la mujer de todo tipo: afectiva, económica, física. Ninguna mujer desde su infancia ha estado exenta de una situación de violencia a lo largo de su vida, desde el piropo molesto en la calle que nadie pidió, el comentario degradante de tu pareja -“estas gorda, estas fea”-, hasta los golpes de un hombre desencadenado porque “lo hice enojar”.  Nos vemos expuestas a distintas formas de violencia solo por el hecho de ser mujeres.

Frente a este tipo de abuso -por dar algunos ejemplos- es que nacen los movimientos feministas, exigiendo cambios sociales que eliminen  las causas de la opresión hacia la mujer. Así lo vimos el año 2016 frente a las demandas por la despenalización del aborto y el derecho de ejercer la autonomía de decidir sobre nuestro cuerpo; contra la violencia machista y su expresión femicida, porque nos queremos vivas y sin maltrato de ningún tipo.  A su vez, queremos condiciones laborales,  mejores salarios y pensiones de vejez dignas sin discriminación por género.

niunamenos (12 de 72)

Sin embargo, nosotras comprendemos que exista negación por parte de las mujeres a la lucha feminista, rechazando sus demandas hasta con cierta virulencia y que se definan con apatía o desinterés político. Lo comprendemos desde la perspectiva en que a nosotras sistemáticamente nos han sometido al autoritarismo y el conservadurismo, desde el inicio de nuestras vida desde el ámbito familiar por parte del padre, del marido o los hijos ya adultos y durante nuestra vida en general siendo discriminadas o subordinadas. A su vez, muchas de nosotras justificamos el ámbito “privado”  o doméstico de quedarse en casa, como el espacio donde se posee el poder de la casa, el poder del afecto y del chantaje emocional. Y por estar instruidas en lo privado, aborrecemos lo “público”, espacio socialmente atribuido a los hombres donde se ejerce el poder “político”

Al mismo tiempo, esta negación de sí mismas y de la lucha feminista, también se puede explicar desde el desconocimiento del carácter productivo y económico del trabajo doméstico, a través de la inexistencia de remuneración monetaria.

La falta de reconocimiento por parte de las mujeres sobre nuestra condición de oprimidas y el rechazo a las demandas feministas lo llegamos a observar hasta en mujeres que han logrado participar en la vida pública y política, ejemplo de esto son las opiniones de la parlamentaria Marisol Torres el año 2015 cuando expresa:  “La dignidad de una mujer no se pierde por el hecho de ser violada” o “hay violaciones que son violentas y otras que no lo son tanto”. Veamos si ella mantiene esta postura frente a un hecho de violación hacia ella, o hacia una hija por ejemplo.

Como respuesta a este  autoritarismo cultural descrito, no es extraño que la respuesta de algunas de nosotras frente al cambio social -aunque nos favorezca- sea reticente, casi temerosa de que la realidad sea distinta.

Es por eso que frente a la subordinación impuesta hacia la mujer, ¿qué opciones tenemos las mujeres de hoy? Cómo afirma una feminista chilena, la responsabilidad del opresor es oprimir y la de los oprimidos es la rebeldía. Es por eso que apelamos a que las mujeres deben organizarse y luchar por abolir todas las formas de opresión, incluso la de las mujeres por sobre otras mujeres,   comprendiendo que no basta con la visibilización del problema, sino que es necesario formular demandas, exigir nuestros derechos y construir alternativas desde las mujeres, con las mujeres y para las mujeres. No podemos soñar en una sociedad de iguales solo en términos económicos sin abordar la superación de las distintas formas de opresión en todas nuestras relaciones cotidianas.

Que este año sea de protesta: 8 de marzo  ¡todas las mujeres a la calle!

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