Conflicto, organización y sujeto

por Colectivo La Savia

Tenemos que transformar la realidad. Como pocas veces, la elocuencia de los hechos, la expresión de la miseria y precariedad, hacen más urgente definir el cómo que el por qué transformar la sociedad. Hacen falta orientaciones. Develar el carácter y sentido de nuestra acción política. Discutir. Proponer. Fijar nuevos puntos de partida y también ratificar continuidades. En pocas palabras: la politización de la clase trabajadora y el pueblo es una urgencia. La construcción de un horizonte de sociedad una necesidad de supervivencia.

Sin embargo, ninguna proposición surge en el vacío: el bloque de fuerzas sociales y políticas que ha conducido el país desde la Dictadura hasta hoy pierde cada vez más legitimidad. La precarización laboral, la desposesión y usurpación de derechos sociales (salud, previsión, educación, etc.), el innegable deterioro ambiental, etc., tienen una masa de millones de afectados y, en cambio, un grupo muy reducido de beneficiados. Explotación, dominación y destrucción sin precedentes que, sin embargo, parecieran no encontrar límites. La izquierda todavía no se cansa de esperar la “maduración de las condiciones objetivas para la revolución”. Se trata de que, dicho muy simplemente, la situación de pérdida de legitimidad social y política de quienes dominan no se traduce en una crisis de reproducción social de su poder e influencia. Es decir, sigue la explotación laboral, la dominación y destrucción de las condiciones básicas para la vida. No hay crisis de hegemonía. No hay fuerza capaz de disputar a las clases y grupos dominantes la dirección política de la sociedad. Esa es la cuestión, la principal problemática política de hoy. Sin fuerza con capacidad de disputa, las “condiciones objetivas” de pauperización social son prolongables hasta el infinito. Es la barbarie. Se necesita, pues, un horizonte de ruptura.

No obstante, un horizonte, aunque útil, es todavía insuficiente. Nos declaramos socialistas, pero ¿qué hacer hoy? Tal vez igual de importante que el horizonte es el camino, el itinerario a recorrer. Esto es, una táctica. Pero no nos referimos a enunciados abstractos, metáforas vacías, sino proposiciones concretas que sugieran orientaciones, muestren una ruta posible a las luchas que ya se están produciendo.

Con mucha modestia, porque los problemas políticos se solucionan en la práctica social y no en el papel, proponemos tres conjuntos de problemas sobre los que ir avanzando en la discusión de la izquierda.

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I Impulsar el desarrollo político del pueblo trabajador

Ningún grupo político, por eficaz que sea, puede sustituir el protagonismo de las masas. De ahí que la tarea de los grupos organizados sea siempre desencadenar, impulsar y proponer orientaciones al pueblo trabajador. Nuestro objetivo, siendo parte de ese pueblo, es aumentar su capacidad decisional, organizativa, proyectual y programática. No somos un ente extraño, un actor que se posiciona por “fuera”. De ahí que una centralidad táctica sea el desarrollo político del pueblo trabajador. No son las orgánicas políticas las que se fortalecen para posteriormente aportar a las luchas del pueblo. Más precisamente, éstas se fortalecen en tanto el pueblo trabajador se politiza, se dota de herramientas organizativas propias y define con claridad el lugar que ocupa en la sociedad y sus objetivos. Se volverá sobre este punto.

El camino para esta perspectiva es concreto: profundizar la conflictividad social. No hay nada que inventar, el conflicto está ahí. Expresión de las formas contradictorias que asume el capitalismo en Chile, por tanto, tiene lugar independiente si nos gusta o no, más allá de nuestras voluntades. Para reproducirse el capital requiere sostenerse en nichos de acumulación. Lo que para nosotros(as) es despojo, para los sectores dominantes es ganancia, beneficio y privilegio. Conflictos laborales, previsionales, salud, educación, ambiente, cruzados a su vez por una sólida osamenta de relaciones patriarcales, constituyen conflictos realmente existentes. Antagonismos en un sentido clasista y patriarcal. Hay que profundizarlos, no dejar que sigan su curso espontáneo, sino dotarlos de perspectiva. Apostar a que la deslegitimación de las fuerzas y organizaciones dominantes se profundice, pero al mismo tiempo apropiando esa situación a favor del pueblo trabajador.

II fortalecer el entramado político-social de organización

Una perspectiva posible para lo anterior la sintetizamos con un verbo: “densificar”. Pero también podría hablarse de “robustecer”, “profundizar” y “solidificar”. Tal vez todas al mismo tiempo. Si no apostamos abiertamente por la auto-actividad de la clase trabajadora y el pueblo, difícilmente podríamos decir que estamos movidos(as) por la cuestión del poder, vocación para tener influencia, capacidad de decidir y organizar la sociedad. La lucha de clases es una “guerra de posiciones” o “trincheras” en la que no es neutral la decisión de “dónde”, “cómo”, “con quiénes” y “cuándo” instalar una “posición”. Se trata de construir contrapoderes, fuerza propia, pero en disposición de disputa, conflicto, movilización. Si no se le entrega densidad a la organización político-social, no importa que existan partidos, pactos electorales o coordinadoras con muchas cosas claras, devienen impotentes de igual modo. No se orientan por el criterio del poder o se promueve, aunque no se explicite, sustituir la acción política del pueblo trabajador.

En concreto, pensamos que es posible organizar esta actividad en torno a un entramado de instrumentos no excluyentes y complementarios, compuestos por al menos tres organismos básicos:

a) Organizaciones políticas : es un espacio básico de organización. Se trata de un germen, posibilidad de desencadenar fuerzas, programa, desarrollar nuevos instrumentos de acción y dar cuenta de la lucha de clases al resto de la sociedad. Es, por lo tanto, una forma de organización que requiere cohesión política e ideológica y mucha disciplina porque necesita ser efectiva en su acción. Se dirige a las masas y busca orientarlas desde una perspectiva anticapitalista y antipatriarcal. Una particularidad táctica es que debe aportar elementos programáticos mínimos, tener una posición propositiva que permita trascender la actividad reivindicativa, pasar del momento parcial y fragmentario hacia uno que tenga en cuenta la totalidad de las relaciones sociales. Por supuesto, las proposiciones de cada colectivo están subordinadas al diálogo complementario con otras organizaciones y, sobre todo, a la confrontación con la realidad.

b) Espacios de articulación social y lucha: son lugares de organización y acogida de voluntades colectivas e individuales. Son abiertos, no excluyentes, convocantes, populares, con la vocación de hablar siempre a las masas. Son espacios constituidos por y para la lucha en todo momento. Son organizaciones detonantes, hacen un llamado a la acción. Son eminentemente prácticos, aunque no abandonan la discusión política y teórica, deben saber procurarse instancias para debatir estos temas sin que se pierda el foco en la acción. Tal vez lo más importante es que son espacios que se organizan en torno a conflictos y se proponen incidir como un actor más en ellos. Esto le da el carácter político. Su acción es local y reivindicativa, pero su perspectiva debe ser nacional y programática, propositiva, vinculándose o promoviendo instancias organizativas mayores. Converger, sumar fuerzas. Ej: zonales NO + AFP, sindicatos, asambleas por derechos sociales del pueblo trabajador, etc.

c) Frentes sectoriales : desde un criterio táctico, es decir, en consideración de las necesidades políticas que permitan avanzar en revertir la actual correlación de fuerzas a favor nuestra y entregar una perspectiva y proposiciones concretas para guiar la acción, los frentes sectoriales ocupan un papel clave. La referencia a “sector” es en relación a un aspecto de la conflictividad social, por ejemplo, ambiental, previsional, salud, etc. Vemos cuatro aportes principales del FS: i) permiten crear espacios de convergencia de la izquierda en torno a conflictos y un quehacer concreto. Espacios de unidad en la acción y, sobre todo, en la planificación y organización ii) crean y asumen elementos reivindicativo-programáticos mínimos para el periodo. Como son espacios donde convergen orgánicas e individualidades, deben necesariamente destinar tiempo a la elaboración y discusión programática, como la CNT NO+ AFP y el sistema de reparto. La actividad es de crítica radical y a la vez de proposición viable para la actual situación histórica. Esto le da seriedad y capacidad de convocatoria e interlocución como actor político iii) se orienta por un plan de lucha y movilización: si el frente sectorial no se dispone a estar en la calle, agitar, instalar temas de manera pública por la vía de la movilización (en su más amplio sentido), difícilmente será relevante. Para ello necesita una planificación, concentrar fuerzas en ciertos momentos de movilización y diseñar de manera clara los objetivos y metas de la misma. Es necesaria la voluntad pero cuidarse del activismo sin perspectiva. La calle también se gana con un movimiento organizado que demuestra saber usarla en el momento preciso iv) generar vocación de disputa y capacidad de interpelación. Para esto debe tener en cuenta que no es posible sostener una lucha contra un enemigo indefinido y abstracto. Necesita fijar con claridad los actores concretos de su disputa, fijar cuáles son las instituciones responsables, los empresarios involucrados, los políticos responsables, mecanismos para resolver demandas y problemáticas estructurales, etc. Tiene que saber “apuntar con el dedo”, que las masas identifiquen sus adversarios, se opongan a ellos y se reconozcan al mismo tiempo como un “nosotros” configurado en la lucha. Igual de importante es asumir que las reivindicaciones no son sólo para agitar, para “acumular fuerzas”, sino que también debe existir voluntad que estas se cumplan, se constituyan en ganadas que la organización y movilización de la clase trabajadora y el pueblo ganen para sí. Ej: “Movimiento Salud para Todxs”, CNT NO + AFP, asociaciones intersindicales, etc.

III Táctica y sujeto

¿Para qué una táctica? El fortalecimiento político de la clase trabajadora y el pueblo debe darse en al menos un sentido: como fuerza independiente del bloque en el poder, en tanto reconocemos que nuestra situación material y subjetiva como pueblo está subordinada a las clases y sectores dominantes (relaciones de clase, patriarcado, coloniales, etc.). Esta premisa es relevante en tanto supone que el sujeto no es un mero “discurso”, su configuración no es imaginaria, siendo, en cambio, expresión del conflicto, de las dinámicas contradictorias del desarrollo del capitalismo en Chile y la opresión patriarcal y colonial. Ernesto Laclau está de moda, al igual que su llamado a decretar la defunción o, en el mejor de los casos, la irrelevancia de la realidad material de la sociedad. Nosotros(as) creemos que no, que ni la política ni la ideología se autonomizan de la vitalidad del conflicto y los sujetos que se constituyen a partir y con él. Es momento de avanzar en la conformación de fuerzas anticapitalistas y antipatriarcales, construir una voluntad colectiva material y subjetivamente constituida, mantener la capacidad de interpelación política en las organizaciones del pueblo trabajador, enfocarse en desarrollarlas y profundizarlas, mantener precisamente allí el escenario de conflicto, los puntos de tensión. En esto consiste, consideramos, la cuestión del sujeto hoy. No deriva mecánicamente de las relaciones económicas y sociales pero tampoco surge de manera autónoma de las mismas.

La institucionalización de la conflictividad en el Estado por la vía electoral es una pretensión táctica que tendrá el efecto, si es que tiene relativo éxito, de trasladar la política por un camino intra-elitario, lo mismo que pretender “enraizar” los acuerdos electorales sostenidos al margen de los conflictos del pueblo trabajador. Es insuficiente y no constituye necesariamente una “maduración” de la actividad política del movimiento popular. Pactos que hablen a nombre de y para el pueblo trabajador no vienen a resolver una necesidad política de fondo. Si alguna vez las elecciones aparecen como herramienta del pueblo trabajador, seguramente la probabilidad de éxito tendrá más relación con que ésta se desarrolle desde los espacios conflictivos de la sociedad, que se revele como necesidad a partir de la actividad organizativa, que sea una más de las tareas históricas del sujeto revolucionario y no como una oferta constituida únicamente con fines electorales. Sin embargo, es innegable que la institucionalidad cumple hoy un rol en la obtención de reivindicaciones producto de la acción política del pueblo trabajador. Pero no tenemos un solo camino (el electoral) para resolver la relación con la institucionalidad. Las organizaciones deben conquistar para sí sus reivindicaciones, presionar con su fuerza al Estado, porque éste se necesita para sostener el sistema de reparto, educación gratuita, cambio en el código de aguas, etc., pero no perder la perspectiva: i) constituir un poder independiente, dar “densidad” político-social a su actividad, y actualizar la necesidad de una ruptura desde y contra la sociedad capitalista ii) no separar la acción reivindicativa de la política, suponiendo que esto es exclusivamente el camino electoral. La reivindicación perfectamente puede ser una crítica práctica al capitalismo y sus pilares fundamentales. Un avance concreto en la constitución de un sentido común en perspectiva revolucionaria.

Si tuviéramos que sintetizar, la tarea es conformar una corriente por el poder del pueblo trabajador. Recomponer sus fuerzas y/o, en algunos casos, construirlas, hacerlas incidir, superar la marginalidad política. Un primer paso para generar las condiciones de emergencia de un bloque histórico de fuerzas revolucionarias que tenga la capacidad de sostener en el tiempo una crisis de hegemonía de las clases y sectores dominantes, tener la capacidad de superar la acción de resistencias y poder disputar efectivamente en el mediano plazo la dirección política de la sociedad. Ese sería un punto de llegada, un objetivo táctico, para ello hay que trabajar. En términos prácticos se podría sintetizar también así: ¡tenemos que hablar a la sociedad, abrir paso al protagonismo del pueblo trabajador!

 Es cierto que los escenarios de la política no se eligen, pero sí se pueden anticipar y trabajar en pos de ellos. No es cierto que no haya otro camino que el escenario de la institucionalidad, de trasladar el conflicto social al Estado –como proponen los electoralistas- ni que tampoco exista otra ruta que construir sólo sin y en contra del Estado. Así como abrirse a la posibilidad de elecciones no nos hace electoralistas ni movilizarnos como clase a través de reivindicaciones no nos transforma en reformistas, es necesario marcar un camino claro para abordar con precisión las tareas que se nos presentan, independientes de nuestra voluntad, para avanzar en revertir la correlación de fuerzas desfavorable a nosotros(as) y proponernos llevar la lucha de clases y contra el patriarcado a otros estadios. Si la clase trabajadora y el pueblo no asumen hoy para sí mismas las principales tareas tácticas ni las organizaciones políticas tampoco las impulsan, difícilmente se encuentre en disposición del socialismo. Hacia allá hay que dirigirse. El pueblo no está para aventuras.

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